De todas las cosas que acumulamos

Marie Kondo y su método para mantener el orden en casa… Puedes amarlo u odiarlo. Eso es así y cualquiera puede comprobarlo en las redes sociales, aunque yo tengo otra teoría: el amor por Marie Kondo y su  método crece en función de la edad. Cuanto más joven eres, menos te convencen sus teorías. Con la edad, cada vez te cuesta menos desprenderte de cosas y necesitas más el orden para respirar.

Hace poco me mandaron un meme que no he podido rescatar de las inmensidades de las imágenes de whatasapp. Decía algo así como “un día eres joven y al otro te estresa que cambien el orden de los pasillos de Mercadona

Pues eso me está pasando a mí.

El orden y la edad

A ver, que nunca he sido el paradigma del desorden: mis apuntes de la universidad estaban cuidadosamente archivados, foliados y fechados para no perderme y siempre siempre siempre tenía en la cabeza la próxima entrega, el siguiente examen o la fecha de la siguiente cena, fiesta o quedada. No necesitaba agendas ni calendarios y jamás jamás jamás olvidaba una fecha.

Con el tiempo, poco a poco, fui necesitando una agenda para apuntar las citas médicas y el calendario de la cocina se convirtió en un imprescindible en el que cada uno anotamos los eventos importantes que los demás tienen que tener en cuenta.

De esta necesidad surgieron los planificadores semanales de Mucho más que mamás y la preciosa agenda para 2019 que aún puedes descargarte.

Pero ese es otro tema. Estábamos hablando del orden, del gusto por acumular cosas (no siempre útiles) y de los sentimientos encontrados que despierta Marie Kondo y su método.

¿Que si acumulamos muchos trastos? ¡Qué tontería! Pues claro que acumulamos muchos trastos, ¡demasiados!

Eso es algo que nadie se atreve a dudar, creo yo.

Yo lo he tenido siempre claro. Pero un día me dio por leer el libro de Marie Kondo, La magia del orden,  y por poner en práctica su método.

En honor a la verdad diré que lo puse en práctica más o menos. Es  decir, fui bastante estricta con el tema de la ropa ya accesorios: vacié mis armarios y volqué toda la ropa sobre mi cama. Por categorías: un día los bolsos, otro día la ropa interior, medias, calcetines, camisetas interiores… Otro día los zapatos, otro la ropa en general.

No os hacéis una idea. Sólo podréis imaginároslo si habéis hecho el ejercicio vosotros mismos. Del cajón de las medias salieron 2 bolsas llenas de medias que hacía siglos que no usaba, de cuando se llevaban las medias de colorines, ¡oh, my god! ¡¡¡Dos bolsas de medias!!!

Imaginad si os hablo de jerseys de lana de cuellos gigantes o de pantalones vaqueros con distintos anchos de pata y altos de tiro. Creo que mi mente ha borrado la cantidad de desechos textiles que salieron de mi guardarropas…

Marie Kondo sí, Marie Kondo no.

Digo que no fui muy estricta en la aplicación del método Marie Kondo porque después de la ropa no tuve valor ni tiempo para seguir con los documentos, los juguetes de los muchomásquehijos, mis trastos de cocina (ejem) ni muchísimo menos con las fotos.

En ese punto he de decir que no estoy para nada de acuerdo con la japonesa: mis fotos no van a salir de casa ni aunque no vuelva a mirarlas hasta el día de mi jubilación, ¡hasta ahí podríamos llegar!

De esto hace tres años. Mis armarios siguen en orden porque ahora doblo todas las camisetas con el método KondoMarie y voy manteniendo y desechando en cada cambio de armario (otro punto en el que no estoy de acuerdo con ella) cosas que sé que ya no usaré.

Pero ahora estamos de mudanza.

No es que nos cambiemos de casa, es que reformamos algunas habitaciones y, para ello, ha habido que vaciarlas.

El tema juguetes de los niños merece un capítulo a parte. Tened en cuenta que mis muchomásquehijos tienen ya 13 y 10 años, ¿cuántas cosas puede acumular un niño del primer mundo en una década? Infinitas.

Pero no son sólo juguetes: las agendas de la guarde, dibujos varios, pegatinas, ropa (¿por qué necesitan tanta ropa?), toallas con su nombre bordado, toallas para los muñecos, toallas con un dibujo de Mickey, toallas de Dora la exploradora, de Piolín, de la Guerra de las galaxias, de Los Descendientes. Se puede seguir el crecimiento de mis muchomásquehijos a través de las toallas que les han ido regalando. Es un misterio. Imagino que preferimos regalar cosas prácticas y una toalla lo es. Pero tenemos toallas para sobrevivir sin pasar por Blancolor del El Corte Inglés la próxima década. Siempre que una adolescente acceda a ir a la piscina con sus amigas con una toalla de La Sirenita, cosa harto improbable.

En fin, que Marie Kondo va a volver a asomar por mi casa, ya os lo digo. Hemos ido descartando cosas (muchas, también alguna toalla) al meterlas en las cajas, pero tengo la esperanza de que cuando llegue el momento de vaciar las cajas y colocar cada cosa en su sitio en las nuevas habitaciones, consigamos deshacernos de alguna más.

La lección de hoy

Por ahora, el aprendizaje será no acumular tantas cosas innecesarias.

Que parece una lección fácil que yo estoy tratando de interiorizar. Ahora sólo falta transmitirla a resto de la familia…

firma Verónica muchomasquemamas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 × cinco =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.