No quiero matar chimpancés

Mamá, yo no quiero matar chimpancés

Y mamá se queda boquiabierta y ojiplática cuando la muchomásquiehija pequeña, con sus 10 años, le dice eso. Imagino que con la misma cara que se os quedaría a vosotros si os dijeran una cosa así.

El aceite de palma

Resultó que estaba viendo un vídeo en youtube (vale, #yoconfieso que mi hija ve youtube a veces sin supervisión, tema sobre el que hablaremos otro día) cuando le saltó un anuncio. Se trata de la campaña que está haciendo Greenpeace sobre la deforestación de los bosques tropicales para plantar palma. Sí, palma, esa grasa  que se usa en la industria alimentaria y que es tan dañina para nuestra salud.

Esa parte la tienen clara los muchomásquehijos. En casa hace mucho tiempo que ya no compramos ningún producto que lleve aceite de palma.

¿Por qué?

Pues porque tenemos claro que no es un producto nada saludable. No es bueno para nuestra salud.

En general, todos los nutricionistas coinciden en eso. No así algunos estudios patrocinados por la industria alimentaria, pero yo prefiero quedarme con la opinión de los independientes.  Podéis leer este artículo para aprender más o seguir a alguno de los influencers (ay, qué palabra más horrible, pero aún no he encontrado otra) más coherentes en este mundillo. O simplemente leer. Leer mucho. Para todo; también sobre como afecta el aceite de palma a nuestras arterias.

¿Es fácil no consumir productos con aceite de palma?

Facilísimo.

Lo más duro fueron los primeros días. Mira que nosotros no somos de consumir alimentos procesados: casi todo se hace en casa. Pizzas, hamburguesas, bollería, croquetas… En fin, casi cualquier cosa. Pero a los muchomásquehijos les gusta comer de vez en cuando alguna galleta. Y, ¿podéis adivinar cuáles eran sus favoritas?

Las oreo, claro. Las que más aceite de palma llevan después de la nutella que también estaba en el top ten para la muchomásquehija.

El día que decidimos no comprar más aceite de palma, dejarlo en cero, el muchomásquehijo mayor lloró en el súper porque todas las galletas que le gustan tenían aceite de palma y no podía comprarlas. Eso fue lo más duro.

 

Una vez superado ese momento, aceptado y entendido por ellos, todo lo demás es relativamente fácil. Relativamente porque lo menos complicado, a pesar de todo, es hacer la compra leyendo todas las etiquetas. Poco a poco coges destreza y hasta los peques son capaces de adivinarlo en pocos segundos.

Lo peor es luchar con todos los agentes externos, llámalos familia menos concienciada, llámalos cumples en e cole, llámalos fiestas con chuches.

De momento no hemos sido capaces de abstraernos a eso y, aunque en casa no entra ningún producto con aceite de palma y hemos encontrado sustitutos menos perjudiciales para las galletas oreo o simplemente las hacemos nosotros mismos, cuando vamos a comer a casa de familiares o amigos, hacemos labor de concienciación (que muchas veces caen en saco roto, lo sé), pero no nos negamos a comer un extra. Eso es lo que nosotros llamamos “de vez en cuando”. No son los de vez en cuando que ocurren cuando tienes las cosas en tu despensa…

 

Mamá, yo no quiero matar chimpancés

Pero parece que, a pesar de mi insistencia, ellos no conocían la vertiente medioambiental del problema. O no eran conscientes de su envergadura hasta que han visto este vídeo:

El día que la muchoomásquehija me dijo que ella no quería matar chimpancés ni dejarles sin casa ni sin mamás, por un lado se me cayó el alma a los pies porque volví a ser consciente, una vez más, de lo que los humanos estamos haciendo con nuestro planeta y no me queda más que asumir mi parte de culpa.

Pero por otro lado me sentí orgullosa. Orgullosa de ella por saber escuchar y tomar sus propias decisiones. Porque después añadió que no, que no iba a comprar más cosas con aceite de palma y que ahora también tendremos que mirar los botes de champú.

Me gusta tener hijos que se preocupan por los demás y por su entorno y que hacen lo que está en sus manos -en sus manitas- para mejorar nuestro planeta. Me gusta saber que yo he influido en eso porque sí, esta muchomásquemamá es muy plasta con algunas cosas, pero ver que tanta insistencia da sus frutos sólo me anima a seguir siéndolo.

Cuando mi muchomásquehija me dijo esa frase, ese “mamá, yo no quiero matar chimpancés”, me animó a seguir tratando de inculcarles los valores que sé que son justos. Y os animo a que vosotros lo hagáis también porque ahora el futuro de nuestro planeta y de todos nosotros está en las pequeñas manos de los muchomásquehijos.

firma Verónica muchomasquemamas

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

16 + quince =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.