Papá, quiero jugar al fútbol

‘Papá, quiero jugar al fútbol’, y ahí empieza todo un  mundo nuevo para muchos padres. ¿Qué hay detrás de los equipos de fútbol de niños?

Os voy a hablar desde mi propia experiencia de unos cuantos años ya. Dejo claro que a mí lo único que me gusta del fútbol es saber que mis hijos disfrutan y se divierten. Que hacen deporte y que a ellos les gusta…. ¡¡mucho!! Todo lo que no me gusta a mí. A parte de esto, me gusta verles jugar y me declaro su fan número dos, porque el número uno es, indiscutiblemente, el muchomásquepapá. Quede claro que él sí es futbolero y madridista declarado.

¿Qué les pasa a los padres cuando sus hijos deciden jugar al fútbol?

Zapatillas de marca, las mejores, las más llamativas. El mejor club de fútbol de la ciudad. La mejor equipación. Todo es poco para nuestros hijos. Por la cabeza de más de uno debe de pasar la idea de que en casa va a tener al mismísimo Ronaldo o al mismísimo Messi. Y digo Ronaldo y Messi porque así me entenderéis mejor…

Por suerte para mí, no ha habido padres en el equipo de mi hijo que no sepan guardar las formas (aunque ha habido un par de salidas de tono, no considero que estén en el porcentaje del que voy a hablar). Afortunadamente todos sabemos lo que tenemos en casa y en el equipo. Pero no todos tienen esa suerte.

¿Cuántos tipos de padres podemos encontrar en el fútbol base? Este artículo, de la Escuela de Entrenadores de Fútbol, nos los describe a todos, uno a uno. ‘Tipos de padres en fútbol base’. Por desgracia, hay un grupo destacado de los siete primeros.

Padres que vuelcan sus frustraciones de juventud en sus hijos. Exigiendo. Controlando. Desmotivando en la mayoría de los casos. Esos padres que desautorizan a entrenadores y cuerpo técnico delante de los niños. Padres que son capaces de insultar al árbitro sin importar que su hijo les esté escuchando. Padres que son capaces de cargarse a quien haga falta con tal de que su hijo llegue a…. ¿a dónde señores?

Si lo que queremos es educar en valores a nuestros hijos, somos los primeros que tenemos que dar ejemplo. Y los terrenos de juego es un muy buen sitio para hacerlo. Saber callar a tiempo. Nunca desautorizar al entrenador cuando haga un cambio. No insultar o dar voces al árbitro. No interferir en el juego de los niños diciéndoles lo que tienen que hacer o no. En resumen: saber comportarnos como las personas adultas que somos y en las que nuestros hijos confían.

Seamos ejemplo a seguir.

Una cosa tengo clara, y es que si mi hijo está en un equipo de fútbol, es responsabilidad de los entrenadores lo que ocurra en el terreno de juego. Cuando cambian a mi hijo es porque los otros niños también tienen que jugar. Si mi hijo ha tenido un mal comportamiento y está desconvocado, es única y exclusivamente decisión de los entrenadores. Si, mientras juega, mi hijo decide pasar el balón a un compañero en lugar de meter él gol y ese compañero falla, esa decisión es solo suya y nadie tiene porqué increparle aunque vayan perdiendo.

Y si no estás conforme con cómo actúan los entrenadores, el club o los compañeros de tu hijo. Si crees que tú lo harías mucho mejor que el cuerpo técnico. Si eres de los que opinan que tu hijo merece estar en un gran equipo porque es el mejor… SIEMPRE tienes la opción de entrenarle tú mismo en el parque al lado de tu casa y así cualquier decisión que tomes será siempre la correcta, porque después de todo… tú, el que siempre protesta, vocea y se queja, eres el más entendido en fútbol de tu casa… ¿no?

No avergoncemos a los niños. Ellos solo buscan pasar un buen rato con sus compañeros de equipo practicando el deporte que más les gusta. Y si les preguntan les dirán que quieren ser ellos mismos. Jugar en equipo. Ganar. Perder. Competir. Ascender. Mantenerse. Conocer compañeros nuevos. Amigos.

Favorezcamos la no violencia en el fútbol. El saber estar. El compañerismo. El juego limpio.

Hagámoslo por ellos. Por nuestros hijos.

Y quién sabe… igual si les dejamos ser ellos mismos, alguno llegue a ser una gran figura del fútbol. Por sí mismo, por sus aptitudes y actitudes, por el apoyo y la motivación. Porque tú, su padre, SIEMPRE le has ayudado a crecer comportándote desde la grada y haciéndole estar orgulloso de ti.

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